Retour au sommaire
Automates
Intelligents s'enrichit du logiciel
Alexandria.
Double-cliquez sur chaque mot de cette page et s'afficheront
alors définitions, synonymes et expressions constituées
de ce mot. Une fenêtre déroulante permet
aussi d'accéder à la définition du
mot dans une autre langue (22 langues sont disponibles,
dont le Japonais). |
| Nuevas
herramientas para ampliar la percepción de
la realidad
(nouveaux outils pour amplifier la perception de la
réalité)
par
Alicia Montesdeoca
05/12/06
Une
nouvelle fois, nous empruntons cet article
à notre confrère Tendencias21, que
nous remercions. A.I.
|
Nuevas herramientas
para ampliar la percepción de la realidad
Las coincidencias significativas deben tener el mismo reconocimiento
que los órdenes cuantitativos
Algunos físicos han propuesto una nueva explicación
de la realidad otorgando a la intuición y a la creatividad
la posibilidad de llevarnos aún más lejos
en el conocimiento de lo real. En esa línea, nuestra
propuesta consiste en que se reconozca a las coincidencias
(sincronicidades) que tienen significados íntimos
para el sujeto, el mismo valor que se da a los órdenes
cuantitativos. No parece que se pierda nada por dejar la
seguridad aparente que dan los dogmas y adentrarnos en la
incertidumbre provocadora que nos ofrecen los filósofos
cuánticos. Por Alicia Montesdeoca.
El físico David Bohm, antiguo colaborador de Einstein,
utiliza la metáfora del holograma como punto de partida
de una nueva explicación de realidad: el orden plegado.
La realidad clásica se ha centrado en manifestaciones
secundarias, el aspecto desplegado de las cosas, y no en
su fuente. Estas apariencias se abstraen de un flujo intangible,
invisible, que no se compone de partes. Se trata de una
interconexión inseparable... “Bajo la esfera
explicada de cosas y acontecimientos separados se halla
una esfera implicada de totalidad indivisa, y este todo
implicado está simultáneamente disponible
para cada parte implicada”.
Según
esta visión, que se recoge en su obra “La totalidad
y el orden implicado”, fruto de cuarenta años
de investigación física y filosófica,
en cualquier elemento del universo se contiene la totalidad
del mismo: la parte está en el todo, y el todo está
en la parte. Detrás de la apariencia del orden desplegado
existe un orden implicado, afirma.
Además,
para él, “la conciencia (pensamientos, emociones,
deseos, voluntad, toda la vida mental o psíquica)
está básicamente en el orden implicado como
lo está la materia, y, por consiguiente, no es que
la conciencia sea una cosa y la materia otra, sino más
bien que la conciencia es un proceso material y está
ella misma en el orden implicado, como lo está toda
la materia, y que la conciencia se manifiesta en algún
orden explicado, como hace la materia en general”.
Según su hipótesis, la diferencia entre la
materia y la conciencia se encuentra en el estado de sutilidad,
“la conciencia es posiblemente una forma más
sutil de materia y de movimiento, un aspecto más
sutil del holomovimiento”.
Para
David Bohm, el pensamiento crea un orden de lo “real”
que no considera el orden interno de la realidad, el orden
no desplegado, no manifestado (...) “El propio pensamiento
ha establecido una distinción entre materia y espíritu.
Y resulta evidente en qué consiste esta diferencia:
lo que no tiene una forma sólida evidente y lo que
mueve a algo distinto se llama espíritu” (...)
“Así que, finalmente, diríamos que una
visión consecuente sería afirmar que algo
como la materia no manifiesta desempeña un papel
semejante a lo que pensamos como espíritu. Es materia
manifiesta en movimiento, pero ambas son materia, una sutil
y otra materia bruta. Ahora bien, sea lo que sea lo que
queremos decir con lo que está más allá
de la materia, es algo que no podemos aprehender con el
pensamiento. Quiero decir, el pensamiento puede plantear
la cuestión, pero no puede ir más allá”.
El
pensamiento no puede percibir lo que está más
allá de sí mismo, su mecanismo está
atrapado por su propio intento de aprehender en un concepto
lo no manifiesto, filtrando, conforme a su pequeña
medida, la inmensa totalidad que no se puede ajustar a ningún
espacio ni a ningún tiempo (...) “El pensamiento
tiene su lugar; pero el pensamiento que intenta trascender
su lugar bloquea lo que está más allá”,
concluye.
La
percepción del orden implicado
David
Bohm considera que la intuición es la facultad humana
capacitada para penetrar en ese estado de cosas, y cambiar
la materia misma, concluyendo que aquella, la intuición,
tiene capacidad para cambiar y ordenar la propia materia
cerebral. (...) “La idea es que la intuición
es una inteligencia que trasciende cualquiera de las energías
que podrían definirse en el pensamiento (...) Una
inteligencia activa. Es activa en el sentido de que no presta
atención al pensamiento. Transforma directamente
la materia; puentea, por así decirlo, al pensamiento”.
Según
la valoración que hace Bohm, el mecanismo de la intuición
no sólo acalla el pensamiento, sino que actúa
sobre los bloqueos originados por éste, sobre las
confusiones, etc. “Es como si tomase un imán
y se redispusieran las partículas de una cinta, eso.
Sólo que se haría de un modo inteligente,
como para eliminar el ruido y conservar limpio el mensaje”
(...) “Al ser la inteligencia suprema, la intuición
es capaz de reorganizar la materia estructural del cerebro
que subyace por debajo del pensamiento, de suerte que quita
el mensaje que origina la confusión, deja la información
necesaria y el cerebro abierto para percibir la realidad
de una manera diferente”. Pero, de momento está
bloqueada, los condicionamientos nos bloquean, porque presionan
para mantener lo que es familiar y viejo y le meten a la
gente el miedo a todo lo nuevo.
Así
que la realidad viene limitada por el mensaje que ya se
ha grabado profundamente en las células cerebrales
desde la primera infancia. La intuición elimina ese
mensaje, la parte del mensaje que origina el bloqueo”
(...) “Abre el pensamiento para que se refresque y
renueve de manera que pueda operar racionalmente. Podría
decirse que permanecer en este bloqueo es totalmente irracional.
Es el resultado de la presión. Se adopta la idea
de que este bloqueo es cierto porque elimina la presión
de la incertidumbre”.
La
sincronicidad revela los significados universales
Pero,
las posibilidades de adquirir nuevas herramientas, que nos
permitan acercarnos más a los contenidos de la realidad,
no se han agotado; la impresión que seguimos teniendo
es que estamos al comienzo del camino, aún creyendo
que estamos bien “encaminados”.
Estas
certezas se fundamentan en las implicaciones que, en otras
disciplinas como la medicina, psiquiatría, psicología,
pedagogía, etc., están teniendo las nuevas
corrientes científico-filosóficas, generando,
asimismo, una sorprendente experiencia práctica y
nuevos debates teóricos, que van parejo con una visión
más compleja del ser humano y del universo. La primera
conclusión, a la que llegamos, es que lo que miramos
y lo que somos se definen como algo único, confundido
y diluido en una misma y única materia.
F.
David Peat nos propone una reflexión que nos
coloca en una perspectiva aún más honda de
la propuesta por Bohm. Este autor le reconoce a la percepción,
a la intuición y a la creatividad la posibilidad
de llevarnos aún más lejos, en el conocimiento
de la realidad, pero afirma que, “el concepto de un
orden plegado sólo nos lleva hasta la mitad del camino.
La naturaleza entera de la conciencia y de la mente debe
contener niveles más profundos que lleguen hasta
una fuente de creatividad incondicional” (...) está
claro que determinados aspectos de la mente y de la conciencia
parecen ser apropiados para una descripción en términos
de órdenes implicados y campos de información
activa” (...)
“En
otras palabras, aunque el pensamiento y las formas materiales
explicadas del mundo deben su existencia a un orden plegado
oculto, son capaces de realimentar al movimiento fundamental
y darle una nueva forma. Esto sugiere que la realidad se
alcanza a través de un movimiento doble. En cierto
sentido el universo entero está plegado en cada individuo
y en cada región del espacio. La naturaleza de esta
realidad, por lo tanto, se puede tocar extendiéndose
hacia fuera, hacia las formas explicadas (que realimentan
al segundo orden implicado) o hacia dentro, hacia el orden
implicado mismo”.
Y
aún va más lejos, cuando fija que el movimiento
de los órdenes implicados y explicados no tiene por
qué terminar en el nivel del segundo orden implicado,
sino que puede extenderse indefinidamente hasta órdenes
más profundos e incluso más sutiles. Para
llegar a esos órdenes se cuenta, dice Peat, con las
llamadas sincronicidades. Según este autor la sincronicidad
tiene su origen en los patrones fundamentales del universo
y no a través de una causalidad de impulsos y tirones
que normalmente relacionamos con sucesos de la naturaleza.
Física
y Filosofía
Por
esta razón, Carl Jung ha llamado a la sincronicidad
un “principio conector acausal". La naturaleza
de la sincronicidad se caracteriza como suceso único
significativo y acausal que implicaría alguna forma
de patrón. Carl Jung demuestra que el significado
inherente es lo que realmente diferencia una sincronicidad
de una coincidencia. La historia de la sincronicidad comienza
con Carl Jung y con el físico Wolfgang Pauli, en
ellos se unen los planeamientos de la física y de
la filosofía.
La
causalidad, dice Peat, no es la apropiada para explicar
la complejidad de la realidad, las nuevas leyes de la emergencia
y la dinámica orgánica: estructuras disipativas
(Prigogine), orden implicado (Bohm), campos formativos (Sheldrake),
pueden ayudar a explorar los funcionamientos internos de
la sincronicidad, por lo que parece interesante seguir explorando
por esas vías ya adelantadas.
“Las
sincronicidades nos retan a construir un puente con un fundamento
apoyado sobre la objetividad de la dura ciencia y el otro,
sobre la subjetividad de los valores personales”.
Puesto que, “la causalidad y la sincronicidad no son
contradictorias sino percepciones dobles de la misma realidad
fundamental”. (...)“De este modo se hace posible
conservar una experiencia objetiva de la naturaleza y un
sentido del significado e interconexión de las cosas
sin necesidad de rechazar el planteamiento científico,
dice Peat.
“Es
sólo cuando la causalidad, añade el autor,
se lleva hasta sus límites que se descubre que el
contexto real en que ocurren los sucesos debe extenderse
indefinidamente. En otras palabras, todo lo que sucede en
nuestro universo es causado, de hecho, por todo lo demás.
Se podría considerar que la totalidad del universo
se revela o se expresa en sus acontecimientos individuales.
Es dentro de esta visión global que es posible considerar
a las sincronicidades como sucesos significativos que se
originan en el corazón de la naturaleza”.
Peat,
siguiéndole los pasos al funcionamiento que siguen
las células para construir un organismo complejo,
confirma que lo que se da en la naturaleza es una cooperación
para la vida, cada unidad orienta su actividad hacia un
objetivo, el suyo, su propio desarrollo, y asimismo coopera
con las otras unidades en un objetivo más complejo,
la construcción de un órgano, de un aparato,
de un sistema y de un ser vivo, que se manifiesta como unidad
en sí mismo, pero que está creado y desarrollado
por la labor de cada unidad.
Según
se desprende de la aportación de Peat, la visión
que hay que alimentar es aquella que trata de descubrir
lo que está escondido, y se niega a construir empalizadas
que lo oculten aún más; para ello hay que
ir detrás de lo que se ha dado en llamar coincidencias,
casualidades, azar, suerte, etc., casi siempre con connotaciones
despectivas, y que sin embargo han sido fenómenos
que han acompañado el devenir humano.
Nuevo
juego
Por
eso proponemos un nuevo juego, que a las coincidencias con
significados íntimos para el sujeto se les reconozca
el valor, por lo menos, que hasta ahora se le ha dado a
cualquier factor con capacidad para entrar en los órdenes
cuantitativos, para ser empíricamente reconocido,
para no ser negada su existencia. El valor de ellas está,
cuando menos, en que pone en marcha las preguntas y detrás
de ellas la imaginación, y con ella la posibilidad
de una permanente tensión con la búsqueda
de la verdad que nos seduce.
Las
coincidencias significativas (las sincronicidades) permiten
que se abran grietas en nuestra visión homogénea
del universo, con ellas se rompe la rígida comprensión
que tenemos y se flexibiliza esa comprensión. Al
flexibilizarse, la realidad manifestada puede tornarse transparente
y a partir de ahí surgir el movimiento, la luz, el
color, el sonido, la no forma y, con todos ellos, la potencia
creadora.
También,
la naturaleza de la sincronicidad o de los fenómenos
que se manifiestan así, nos ayuda a abundar en la
íntima relación entre las manifestaciones
externas y los procesos internos, en la unidad del sujeto
con el objeto que está en el campo de su atención
o de su investigación. A través del lenguaje
del arte, la literatura, la música o la ciencia,
se despliegan o cabe pensar que se despliegan, aspectos
del inconsciente que con fórmulas simbólicas
nos comunican la esencia de que estamos hechos y que compartimos
con toda la naturaleza. “Los muchos ejemplos de movimientos
coincidentes del pensamiento, sentimiento e ideas entre
grupos y disciplinas inconexos, sugieren que hay un significado
más profundo más allá de estas coincidencias
y sincronicidades”.
No
hemos de extrañarnos de la existencia de un orden,
de unas leyes permanentes, cuando cualquier creación,
aclara este autor, (en el lenguaje, en la música,
etc) está enmarcada o sometida a esas leyes que la
estructura, y que no por ello, ese llamado orden, impide
crear a ningún individuo: lo que se manifiesta como
instrumento para ir al encuentro del inconsciente colectivo
que diría Jung, u objetivo que concluiría
Pauli.
Los
mundos simultáneos que vivimos pueden ser el efecto
del movimiento de las mareas de la conciencia humana. Estas
mareas, producidas por las corrientes internas, ponen de
manifiesto aquellos aspectos de lo que somos, en los distintos
grados o niveles del inconsciente.
En
el lenguaje marinero diríamos que hay mar de fondo
cuando lo que emerge es aquello que durante mucho tiempo
ha estado oculto, mientras la superficie de la conciencia
ha parecido estar en “calma chicha”, para continuar
con la terminología costera. Las sincronicidades
parecen ser una oportunidad para acercarnos mejor hoy al
significado de los fenómenos, aunque siempre han
estado ahí provocando nuestra atención.
Si
basta con que haya un observador escudriñando el
interior de la realidad manifestada, para que se produzca
ese aparente resurgir de lo que está plegado, también
sucede en la acción contraria. La negación
militante de una realidad evocadora de algo más allá
de lo que consideramos lo real, hace emerger, sincrónicamente,
otros sucesos, acausales, con significado por sí
mismos, que nos animan a no dormirnos en lo obvio y a buscar
lo que la paradoja trata de indicar.
El
viejo paradigma es el que nos permite mirar y medir pero
es, asimismo, el que nos dificulta levantar la mirada de
lo que enfocamos. También, la mirada que fragmenta
es la misma que impide ver los grandes patrones que estructuran
la naturaleza y los contextos globales en que se producen
los fenómenos. No parece que se pierda nada por dejar
la seguridad aparente que dan los dogmas y adentrarnos en
la incertidumbre provocadora que nos ofrecen los filósofos
cuánticos.
martes
05 Diciembre 2006
Alicia Montesdeoca